La Reserva Federal debería tolerar una mayor concentración del sistema bancario al tiempo que intenta contener el riesgo moral y evitar que las tasas deban bajarse.
Opinión de Mohamed El-Erian.
El destino de lo que hasta la semana pasada era un banco poco conocido fuera del mundo de la tecnología es ahora motivo de gran preocupación política desde este fin de semana, y no sólo en Estados Unidos.
En un sentido estricto, demuestra que incluso los bancos aparentemente pequeños pueden plantear riesgos sistémicos. En un sentido más amplio, ilustra el triple dilema inherente al actual cambio de régimen de la política monetaria. En concreto, el reto para la Reserva Federal de cumplir simultáneamente su objetivo de inflación del 2 por ciento y la parte relativa al empleo de su doble mandato y garantizar al mismo tiempo la estabilidad del sistema financiero.
En términos sencillos, la fragilidad del Silicon Valley Bank (SVB) se debió a la tormenta perfecta que minó tanto su balance general como su liquidez. En concreto, se vieron expuestos por la combinación de una base de depósitos concentrada y la erosión del valor de mercado de los activos seguros que compensaban parcialmente este pasivo.
La chispa de la inestabilidad actual fue la necesidad de cubrir las pérdidas en bonos derivadas de las tasas de interés más altas. También ha habido cierto ruido sobre la calidad de la cartera de préstamos, dado que algunas partes del sector tecnológico han estado bajo presión. El agente propagador fue la fuga de depositantes, ya que cada vez más propietarios de empresas tecnológicas y empresarios se apresuraron a sacar su dinero del banco en medio de sus dificultades.
De forma inusual, los reguladores decidieron suspender las operaciones del SVB durante el horario laboral del viernes, lo que supuso la mayor sacudida bancaria individual desde la crisis financiera mundial de 2008 y, en términos nominales, la segunda mayor de la historia de Estados Unidos. El fin de semana estuvo plagado de rumores sobre cómo se gestionarán los depósitos, si algunas empresas que tenían efectivo en el SVB podrán siquiera hacer frente a sus nóminas esta semana y especulaciones sobre el impacto más amplio en el sector.
El reto inmediato al que se enfrentan los responsables políticos es cómo equilibrar una serie de riesgos clave en el proceso de resolución del SVB.
En primer lugar, está el riesgo moral que supone hacer que todos los depositantes recuperen el dinero que tienen en el SVB. Si no lo hacen, los responsables políticos tienen que considerar los riesgos de vulnerabilidad de los depósitos de otros bancos pequeños y regionales, así como el impacto en el ecosistema de las empresas emergentes en Estados Unidos y más allá.
En segundo lugar, están los riesgos de concentración asociados al flujo adicional de negocios hacia los bancos más grandes si SVB se cierra definitivamente o es adquirido, incluidas las entidades que ya son demasiado grandes para quebrar. Esto plantearía problemas de competencia en la banca para la industria tecnológica, un sector importante de la economía.
Y en tercer lugar, existe el riesgo político de que la Reserva Federal recurra al estímulo monetario mientras la inflación sigue siendo un problema.
Lo que hace que éste sea un momento especialmente delicado es que el reto político del SVB también está sacando a la palestra cuestiones más amplias. Empecemos por las buenas noticias. A pesar de las complejidades de la saga del SVB, el riesgo de que se repita la crisis bancaria sistémica de 2008 es bajo si se adoptan medidas políticas adecuadas. Al fin y al cabo, el sistema bancario en su conjunto está ahora mucho mejor capitalizado y supervisado. Y tiene una base de depósitos y préstamos mucho más diversificada que la del SVB.
Menos favorable es que el SVB haya expuesto la amenaza que suponen los riesgos de tasas de interés y de crédito para las entidades del sector bancario y, lo que es más importante, mucho más allá de él. Se trata de una amenaza más pronunciada dados los dos últimos años de errores de la política de la Reserva Federal a la hora de responder a la inflación. Entre ellas, la calificación errónea de la inflación como “transitoria” durante la mayor parte de 2021 y, posteriormente, la tímida respuesta política inicial que llevó a la posterior necesidad de cuatro rápidas alzas consecutivas de 0,75 puntos porcentuales. Y esto se produjo tras un periodo excesivamente prolongado de políticas monetarias “no convencionales” ultra laxas.
Teniendo esto en cuenta, el mejor camino a seguir por la Fed esta semana es ayudar a resolver el problema inmediato del SVB equilibrando los riesgos como se sugiere a continuación. Debería tolerar una mayor concentración del sistema bancario, tratar de contener el riesgo moral con un apoyo público parcial a los depósitos y animar a los bancos más grandes que adquieran los depósitos y las líneas de negocio del SVB para ofrecer más ayuda a los depositantes. La Fed también debería evitar presiones sobre la política monetaria, resistiéndose a cualquier relajación de su postura sobre las tasas de interés en un momento en el cual necesita luchar contra la inflación.
Por supuesto, no es una solución perfecta. Pero es la mejor en este apuro, en gran medida auto generado por la Fed, y que la ha hundido en el mundo de opciones de política sub-óptimas.
Mohamed El-Erian es presidente del Queens’ College, Cambridge, y asesor financiero de la aseguradora Allianz y el fondo de cobertura Gramercy.
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