Es importante evaluar el verdadero efecto del liberalismo sobre la suerte electoral de los demócratas.
Opinión de Thomas B. Edsall
En las últimas cuatro décadas, el porcentaje de demócratas blancos que se identifican como liberales ha aumentado a más del doble; creció a un ritmo mucho más rápido que los demócratas negros o hispanos.
En 1984, según el estudio de elecciones nacionales de Estados Unidos, el 29,8 por ciento de los demócratas blancos se identificaban como liberales; en 2020, ese porcentaje aumentó hasta el 68,5 por ciento. En el mismo periodo, el porcentaje de liberales entre los demócratas negros creció del 19,1 por ciento al 27,8 por ciento, y entre los demócratas hispanos del 18 por ciento al 41 por ciento.
Este cambio vuelve a plantear una pregunta que la gente lleva haciéndose desde la llegada de los demócratas de Reagan en los años ochenta: ¿Qué significa que un partido que antaño fue el hogar de la clase trabajadora blanca se haya convertido en una coalición de liberales blancos relativamente cómodos y de minorías menos pudientes?
He planteado esta y otras preguntas a diversos académicos y estrategas políticos, entre ellos William Galston, asociado principal de la Brookings Institution, que recientemente citó tendencias similares (aunque no idénticas) en los datos de Gallup. En un ensayo del mes pasado, “The Polarization Paradox: Elected Officials and Voters Have Shifted in Opposite Directions” (La paradoja de la polarización: los funcionarios electos y los votantes han ido en direcciones opuestas), Galston escribió:
En 1994, los demócratas blancos, negros e hispanos tenían las mismas probabilidades de considerarse liberales. Pero durante las tres décadas siguientes, el porcentaje de demócratas blancos que se identifican como liberales aumentó 37 puntos, del 26 por ciento al 63 por ciento, mientras que los demócratas negros e hispanos aumentaron menos de la mitad, al 39 por ciento y al 41 por ciento, respectivamente.
Galston argumentó en un correo electrónico que los demócratas negros han asumido un papel imprevisto en el partido:
“Los afroamericanos ahora son una fuerza moderadora dentro del partido. No fue casualidad que se unieran para apoyar al candidato más moderado con grandes posibilidades de ganar la nominación en 2020, o que el líder de las fuerzas pro Biden tomara la iniciativa de rechazar el eslogan de “desfinanciar a la policía”.
La coalición de liberales de clase media alta y votantes minoritarios, escribió Galston, “ha sido sostenible porque los primeros creen en el uso activo del gobierno para luchar contra desventajas de diversa índole y están dispuestos, dentro de unos límites, a votar en contra de sus propios intereses económicos”.
Julie Wronski, politóloga de la Universidad de Mississippi, respondió por correo electrónico:
“Detrás del cambio liberal entre los demócratas blancos está su tendencia a mantener actitudes raciales más liberales. En el informe Racing Apart del Voter Study Group, el porcentaje de demócratas blancos que mantienen las posturas más liberales en la medida estándar del resentimiento racial ha aumentado en la última década hasta tal punto que sus opiniones sobre el resentimiento racial coinciden con las de los demócratas negros”.
El Partido Demócrata, continuó Wronski, “se ha convertido en una coalición de minorías raciales (especialmente negros) y blancos que simpatizan con las injusticias y los retos a los que se enfrentan los grupos minoritarios en Estados Unidos. Las identidades y actitudes raciales son el hilo conductor que une a los blancos más ricos y más educados con los grupos minoritarios más pobres”.
La coalición obrera birracial de los demócratas a mediados del siglo XX, en opinión de Wronski, “tuvo éxito porque las cuestiones raciales no se tomaban en cuenta”. Una vez que esas cuestiones pasaron a primer plano, la coalición se dividió: “En pocas palabras, los partidos están divididos con respecto a qué parte de la clase trabajadora apoyan: a la clase trabajadora blanca o a las comunidades minoritarias más pobres”. El nivel de estudios es la línea de demarcación entre los dos grupos de votantes blancos.
En 2020, la clase trabajadora blanca (definida por el Banco de la Reserva Federal de St. Louis como “blancos que no poseen títulos universitarios de cuatro años”) votó a Donald Trump frente a Joe Biden 67-32, según las encuestas en boca de urna. En las elecciones de 2022, los votantes blancos de clase trabajadora apoyaron a los candidatos republicanos a la Cámara de Representantes por un margen casi idéntico, 66-32.
El giro en el apoyo de la clase trabajadora blanca no universitaria hacia los candidatos republicanos, escribió Wronski, “fue impulsado por la animosidad de los grupos raciales. Trump fue particularmente capaz de atraer a miembros de la clase trabajadora blanca sobre la base de sentimientos raciales (y de otro tipo) de grupo —siendo aquellos a los que no les gustan los grupos minoritarios los únicos atraídos por Trump, en una continuación de la división de la clase trabajadora a lo largo de líneas raciales”.
Hay quienes sostienen, sin embargo, que la coalición demócrata contemporánea es más frágil de lo que sugiere Wronski.
Ryan Enos, politólogo de Harvard, respondió por correo electrónico: “Si eres demócrata, quizás te preocupe que la coalición no sea estable”. A largo plazo, escribió Enos:
“Los blancos con estudios universitarios, especialmente los que tienen mayores ingresos, no son claros socios de la coalición para nadie: no favorecen políticas económicas, como el aumento de la oferta de vivienda o incluso impuestos más altos a los ricos, que sean beneficiosas para la clase trabajadora, de cualquier raza. Y muchos blancos con estudios universitarios están motivados por cuestiones sociales que tampoco cuentan con el apoyo mayoritario de la clase trabajadora, sea cual sea su raza. No está claro que, con sus actuales posiciones ideológicas, los blancos universitarios socialmente liberales y económicamente centristas o de derecha sean socios naturales de la coalición con nadie más que ellos mismos”.
Enos llegó a cuestionar la profundidad del apoyo de las élites a una agenda liberal:
“Tengo la sensación de que gran parte de la retórica política de los liberales con estudios universitarios se centra en la señalización social para satisfacer sus propias necesidades psicológicas y mejorar su posición social con otros liberales con estudios universitarios, más que en políticas que realmente reduzcan las diferencias raciales en el bienestar económico, la protección de los derechos civiles y otras cuestiones relacionadas con la calidad de vida”.
Paul Begala, estratega demócrata, es un crítico explícito de izquierda del partido. “Para mí está claro que el mayor reto de los demócratas es la izquierda progresista”, escribió Begala en un correo electrónico.
Pew Research muestra que son el subgrupo más liberal, más culto y con más blancos de la coalición demócrata. Constituyen el 12 por ciento de los demócratas y de los que se inclinan por los demócratas, lo que significa que el 88 por ciento de nosotros no estamos en su equipo ideológico.
Por el contrario, continuó Begala:
“Los votantes negros son a la vez los demócratas más leales y los votantes más sensatos, prácticos, estratégicos y moderados. Por eso era importante, desde el punto de vista político e incluso moral, que el presidente Biden adelantara las elecciones primarias de Carolina del Sur, donde hay un fuerte componente afroamericano, a las de Iowa y New Hampshire, de mayoría blanca”.
En el estudio de noviembre de 2021 sobre la composición del Partido Demócrata al que se refería Begala, Pew Research informó:
La izquierda progresista constituye una parte relativamente pequeña del partido; el 12 por ciento de los demócratas y de los independientes de tendencia demócrata. Sin embargo, este grupo es el segmento más comprometido políticamente de la coalición, extremadamente liberal en todos los ámbitos políticos y, sobre todo, un 68 por ciento de blancos no hispanos. En cambio, los otros tres grupos de orientación demócrata no superan la mitad de blancos no hispanos.
Esta ala política desproporcionadamente blanca del partido, como comenté anteriormente, proporcionó un apoyo crucial a Alexandria Ocasio-Cortez y Ayanna Pressley cuando se postularon al Congreso en 2018, posicionándolas a la cabeza en sus primeras victorias primarias sobre poderosos titulares demócratas.
El liberalismo de los demócratas blancos abarca una amplia gama de temas. Brian Schaffner, politólogo de Tufts, citó los datos recogidos por el Estudio Electoral Cooperativo:
“En 2020, los demócratas blancos obtuvieron una puntuación en resentimiento racial similar a la de los demócratas negros. Y los demócratas blancos tienen en realidad niveles de sexismo significativamente más bajos que los demócratas negros o hispanos. En las décadas de 1980 y 1990, el Partido Demócrata estaba bastante dividido en cuestiones particularmente de raza, pero parece que ese ya no es el caso”.
Ahora, continuó Schaffner, “los demócratas blancos parecen ser el grupo más liberal del partido con respecto a una serie de cuestiones, como la inmigración, el clima, la delincuencia/policía, el aborto, la atención médica, el control de armas y el bienestar económico/social”.
Viviana Rivera-Burgos, politóloga del Baruch College de la Universidad de la ciudad de Nueva York, señaló lo mucho que se ha transformado la agenda liberal en relativamente poco tiempo:
“Cuestiones como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, los derechos de la comunidad LGBTQ+ y la inmigración se han convertido en importantes ideológicas divisorias en los últimos 40 años aproximadamente. Hoy en día, ser liberal significa estar a favor del aborto, del matrimonio entre personas del mismo sexo, de la ampliación de los derechos de la comunidad LGBTQ+ y de leyes de inmigración restrictivas o punitivas. Estas posturas adoptadas ante los problemas no podían deducirse basándose únicamente en la ideología de alguien hace 40 años”.
Lanae Erickson, vicepresidenta sénior de Third Way, un grupo demócrata centrista, argumentó en un correo electrónico que existe el peligro de hacer demasiado hincapié en la inclinación liberal del electorado demócrata:
“Aunque el porcentaje de demócratas que se autodenominan liberales ha aumentado en las últimas tres décadas, sigue siendo cierto que solo la mitad de los miembros del partido que se autodenominan así se identifican realmente de esa manera, en contraste con los votantes republicanos, cerca del 80 por ciento de los cuales se autodenominan conservadores. Así, los demócratas han tenido y siguen teniendo desde hace tiempo una coalición ideológicamente más diversa que reunir, ya que casi la mitad del partido se considera moderado o conservador”.
Erickson no dudó, sin embargo, en describir a la izquierda culta del partido como sobrerrepresentada en los medios de comunicación, en Twitter y en puestos de poder. Ese grupo es ruidoso y culturalmente más liberal, aunque a menudo pretenden hablar o actuar en nombre de las comunidades de color. Mientras tanto, los votantes afroamericanos y latinos que dan la victoria a los candidatos demócratas en casi todas las contiendas se han mantenido mucho más mezclados ideológicamente.
“Si seguimos dejando que los liberales blancos de Twitter definan lo que significa ser demócrata”, advirtió Erickson a sus compañeros demócratas, “vamos a seguir alienando a los votantes de color que son mayoría esencial en nuestra coalición. Mientras los tuiteros quieren ‘desfinanciar a la policía’, las comunidades de color quieren que sus barrios sean seguros, tanto frente a la violencia policial como frente a los delitos violentos”.
Para apoyar su postura, Erickson citó el papel que juegan los votantes minoritarios en las últimas elecciones a la alcaldía de Nueva York: “Eligieron a Eric Adams y rechazaron a los candidatos de extrema izquierda cuyos bloques de votantes estaban conformados principalmente por liberales blancos”, señalando que “Adams superó a Maya Wiley por 23 puntos entre los votantes negros y por 10 puntos entre los votantes hispanos”.
En las elecciones locales de 2021, continuó Erickson, los votantes negros “rechazaron una medida en Minneapolis, donde George Floyd fue asesinado, para desfinanciar a la policía”: Según los datos por distritos, los distritos 4 y 5, predominantemente negros, rechazaron la medida electoral de Minneapolis por amplios márgenes (más del 60 por ciento votaron en contra), mientras que los distritos predominantemente blancos impulsaron el apoyo a la medida.
Erickson sugirió que la inclinación culturalmente liberal del ala izquierda del partido era un factor en el descenso del apoyo a las minorías.
Po ejemplo, los demócratas cayeron nueve puntos porcentuales con los votantes de color sin estudios universitarios entre 2012 y 2020, pasando del 84 por ciento de apoyo en 2012 al 75 por ciento en 2020, según Catalist. Esto fue más pronunciado en el caso de los hombres de color sin estudios universitarios, que pasaron del 81 por ciento demócrata en 2012 al 69 por ciento en 2020.
Estas pérdidas reflejan “una divergencia de prioridades y valores”, escribió Erickson, citando datos de encuestas que muestran que mientras los votantes de las elecciones primarias demócratas afirman que el trabajo duro no garantiza el éxito, los votantes negros no están de acuerdo: dicen que la mayoría de la gente puede salir adelante en Estados Unidos si trabaja duro, y que por un margen de dos a uno, los estadounidenses negros dicen que es necesario creer en Dios para tener buena moral. Los votantes de las elecciones primarias demócratas de todas las contiendas están en desacuerdo con esa afirmación por márgenes similares.
Aunque el partido está dividido en cuanto a valores y prioridades, Erickson señaló que los demócratas del Congreso han alcanzado un acuerdo general en muchas cuestiones que en el pasado fueron muy divisorias:
Solo queda un demócrata provida en el Congreso, y los demócratas moderados actuales apoyan enérgicamente los derechos reproductivos. Ya no hay demócratas respaldados por la NRA (Asociación Nacional del Rifle) en el Congreso, y si mañana se propusiera una ley sobre seguridad de las armas, todos los demócratas que ocupan cargos federales la apoyarían. Del mismo modo, todos los demócratas no solo apoyaron la Ley de Respeto al Matrimonio, sino que probablemente habrían ido más allá para codificar explícitamente la igualdad matrimonial en la legislación federal.
Los principales conflictos entre partidos que quedan, escribió Erickson, se concentran en torno a dos grandes cuestiones. Una es una cuestión de desempeño del proceso: ¿Cree que el progreso se consigue con pasos graduales o con cambios revolucionarios? La otra es una cuestión de valores: ¿cree usted que, con algunas reformas políticas básicas, nuestro sistema económico puede ofrecer una buena vida a quienes trabajan duro en este país, o más bien que hay que derribarlo y reconstruirlo fundamentalmente desde los cimientos?
La transición de una división partidista entre los votantes blancos basada en la clase económica a otra que se basa en el nivel de estudios ha tenido consecuencias sustanciales para las prioridades legislativas del Partido Demócrata.
Frances Lee, politóloga de Princeton, señaló en un correo electrónico que “la base de clase de los partidos se ha atrofiado”, con el resultado de que “el sistema de partidos en Estados Unidos sencillamente no representa a los ‘ricos’ frente a los ‘pobres’. Ambos partidos representan una mezcla de ricos y pobres en términos económicos”.
Dado que el Partido Demócrata debe mantener “una coalición de votantes blancos de altos ingresos y minoritarios de todos los grupos de ingresos”, escribió Lee, “es probable que los líderes del partido den prioridad a cuestiones que no enfrenten muy directamente a los acomodados con los pobres, como la agenda de derechos (por ejemplo, derecho al voto, aborto, gays y lesbianas) y clima/medio ambiente. Es poco probable que los demócratas en el gobierno den verdadera prioridad a los intereses económicos de los votantes de bajos ingresos y de la clase trabajadora, porque esos votantes sencillamente no representan una mayoría en la coalición de su partido”.
Como ejemplo, Lee comentó que “los demócratas actuales están mucho más preocupados por perdonar los préstamos estudiantiles que por la mayoría de los votantes que no irán o no fueron a la universidad”.
¿Qué ocurrirá entonces en las filas demócratas?
La realidad, resumida por Ryan Enos, es que a pesar de todos sus problemas:
Los demócratas son claramente el partido mayoritario y pueden estar experimentando un periodo de dominio sin precedentes: desde 1992, un periodo de 30 años, los republicanos solo han ganado la mayoría de los votos presidenciales populares una vez, en 2004, y eso fue durante el extraordinario periodo en el que se estaban librando dos guerras en el extranjero.
Por el momento, la coalición demócrata (con todos sus conflictos incorporados entre un ala relativamente acomodada, bien educada y mayoritariamente blanca, por un lado, y por el otro, un electorado económicamente precario, muy minoritario, pero hasta cierto punto ascendente) sigue siendo una institución política funcional.
“En este sentido”, me dijo Enos, “no se debe exagerar el daño que algunos perciben que el liberalismo ha hecho a la suerte electoral de los demócratas”.
Thomas B. Edsall ha contribuido con la sección de opinión de The New York Times desde 2011 y su columna sobre tendencias estratégicas y demográficas en la política estadounidense se publica todos los miércoles. Anteriormente fue reportero de asuntos políticos para el Washington Post.
The New York Times
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