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Objetos misteriosos sobre cielo norteamericano

El globo espía chino y tres naves no identificadas han puesto en evidencia las lagunas de los sistemas de alerta.

Opinión de La Junta Editorial del Financial Times.

Desde la década de 1950 y el lanzamiento del Sputnik soviético, no había habido tanta paranoia sobre misteriosos objetos voladores sobre Norteamérica. Hoy, como en aquella ocasión, los cambios geopolíticos se mezclaron con los rápidos avances tecnológicos para dejar a la gente con un profundo malestar. Derribar un supuesto globo espía chino en el espacio aéreo norteamericano, como hizo Estados Unidos el 4 de febrero, no tiene precedentes; desde entonces, el ejército ha derribado otros tres objetos no identificados. El descubrimiento de las cuatro naves ha puesto en evidencia que existen lagunas en la vigilancia y la inteligencia que deben atenderse. Pero las autoridades estadounidenses deben tener cuidado con avivar un “temor rojo” como el de los años cincuenta.

Funcionarios estadounidenses afirman ahora con gran seguridad que el globo que derribó un caza estadounidense frente a Carolina del Norte realizaba tareas de vigilancia, y no de investigación meteorológica como afirmó Pekín. El ejército estadounidense afirma que recuperó componentes electrónicos, incluidos sensores, de la aeronave.

El origen y la naturaleza de los tres objetos derribados el fin de semana sobre Alaska, el Yukón canadiense y el lago Hurón siguen siendo un misterio. Según las autoridades estadounidenses, todos eran más pequeños que el globo “espía”, se encontraban a menor altitud y no parecían tener capacidad de propulsión. Solo la posibilidad de que pudieran ser extraterrestres (que encendió las redes sociales después de que un general estadounidense declarara que “no había descartado nada”) ya fue firmemente desmentida.

Washington afirma que el globo espía chino entró en el espacio aéreo estadounidense el 28 de enero, pero no ha aclarado si ya lo había rastreado antes; el Pentágono solo admitió su presencia después de que unos fotógrafos lo captaran sobre Montana. Al parecer, gracias a que los militares recalibraron su vigilancia por radar tras el episodio del globo espía fue posible detectar a los tres artefactos posteriores. Se desconoce si estos sobrevuelos son fenómenos nuevos o habituales que ahora ya detectaron gracias a una mayor vigilancia.

El ejército estadounidense también reveló que Estados Unidos no había detectado cuatro vuelos anteriores de globos espía chinos sobre su espacio aéreo, que habían sido revelados por análisis de inteligencia posteriores. Pero si la inteligencia estadounidense estaba al tanto del programa de globos espía de China desde hacía aproximadamente un año, según sugieren algunos funcionarios, la pregunta es ¿por qué no se habían recalibrado antes de forma efectiva los sistemas de radar?.

Lo que sin duda parece haberse puesto de manifiesto es lo que el general Glen VanHerck, general del Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica, ha denominado una “brecha de supervisión de la zona”, o deficiencias en los sistemas de alerta y vigilancia. El globo espía se encontraba en el “espacio cercano”, donde Estados Unidos no ha centrado anteriormente sus esfuerzos de vigilancia. El General VanHerck advirtió el año pasado de otros “retos” en materia de conocimiento del terreno, como la necesidad de detectar amenazas hipersónicas y submarinas. Sugirió que invertir en radares de largo alcance (post horizonte) mejoraría la preparación, pero que también era necesario un mejor uso de la inteligencia artificial para discernir patrones en los datos.

Los últimos acontecimientos sugieren que Estados Unidos y sus aliados necesitan revisar urgentemente sus capacidades de vigilancia aérea y marítima. La guerra de Rusia contra Ucrania y las explosiones inexplicables que paralizaron un gasoducto del Báltico ya han puesto al descubierto la vulnerabilidad de las infraestructuras submarinas fundamentales.

La Casa Blanca sugirió ayer martes que los tres objetos voladores podrían tener un “propósito comercial o benigno”. Si resultan estar vinculados al Estado chino, Washington los considerará graves provocaciones. Sin embargo, el asunto del globo espía ha puesto de manifiesto la necesidad de salvaguardias en la relación. Para lo cual será necesario reanudar una auténtica comunicación entre militares. Un posible encuentro entre el secretario de Estado Antony Blinken y su homólogo chino Wang Yi en la próxima Conferencia de Seguridad de Múnich podría contribuir a calmar las tensiones. La rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, de la que el Sputnik fue un símbolo al comienzo, se pudo manejar en última instancia sin desembocar en una guerra. Ese debe ser también el objetivo de Washington y Pekín.

La Junta Editorial

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