La justicia electoral brasileña inhabilitó el pasado viernes al expresidente Jair Bolsonaro para participar en las elecciones durante 8 años, hasta 2030, cuando tendrá 75 años. La condena por abuso de poder político, que contó con el voto favorable de cinco de los siete jueces del Tribunal Superior Electoral (TSE), deja al exmandatario al margen de las próximas presidenciales de 2026, así como de otros comicios para diferentes cargos.
El dictamen se produjo en medio del juicio contra el líder ultraderechista por abuso de poder, un caso que se remonta a las declaraciones y acciones del exmandatario con las que descalificó sin pruebas al sistema del voto electrónico de su país. Los cuestionamientos fueron realizados por Bolsonaro durante una reunión con diplomáticos extranjeros sobre la fiabilidad del sistema electoral brasileño antes de los comicios de 2022, cuando perdió la reelección ante su “archirrival”, el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
En ese encuentro, transmitido por la TV pública y redes sociales, el entonces mandatario mostró voluntad de “incitar a la inseguridad, la desconfianza y la conspiración, combustible de un creciente sentimiento colectivo anti-institucional”, sostuvo el juez instructor del caso, Benedito Gonçalves.
Sus acciones desencadenaron, remarca la investigación, el ataque de cientos de seguidores del ultraderechista a las tres sedes del poder de Brasil, en la capital: el Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo. “Bolsonaro abusó de las facultades de su cargo al convocar la reunión. Usó personal y edificios del gobierno con un objetivo electoral y mezcló los intereses del país con los de su campaña”, resaltó Márlon Reis, experto en derecho electoral que ayudó a redactar las disposiciones de inelegibilidad.
Bolsonaro ha rechazado la condena como “una puñalada por la espalda” y su defensa anticipó que la recurrirá ante el Supremo Tribunal Federal, la máxima corte brasileña. “Esto es una injusticia contra mí, mi Dios del cielo. Muéstrenme algo concreto que haya hecho contra la democracia, quizás mi crimen fue hacer lo correcto durante cuatro años” sostuvo Bolsonaro en la víspera de conocer el fallo.
“Esta decisión acabará con las posibilidades de Bolsonaro de volver a ser presidente y él lo sabe. Después de esto, intentará mantenerse fuera de la cárcel, elegirá a algunos de sus aliados para mantener su capital político, pero es muy poco probable que regrese a la Presidencia” señaló el profesor de ciencias políticas en la Universidad Insper de Sao Paulo, Carlos Melo.
El expresidente Fernando Collor de Mello y el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva fueron declarados inelegibles en el pasado, pero el caso de Bolsonaro representa la primera vez que un mandatario es suspendido por infracciones de tipo electoral en lugar de un delito
penal. La ley brasileña prohíbe que los candidatos sentenciados por delitos penales se postulen a un cargo. El Supremo Tribunal Federal restableció la elegibilidad de Lula luego de fallos de que el entonces juez y ahora senador Sergio Moro fue parcial cuando sentenció al líder izquierdista a casi 10 años de cárcel por corrupción y lavado de dinero.
Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores,al que pertenece Lula, dijo en sus cuentas de redes sociales que la inelegibilidad de Bolsonaro ofrece una lección. “La extrema derecha necesita saber que la lucha política se lleva a cabo dentro del proceso democrático, y no con violencia y amenazando con cometer un golpe de Estado. Bolsonaro estará fuera del juego porque no respeta las reglas. No sólo él; toda su pandilla de golpistas tiene que seguir el mismo camino” , señaló.
El juicio ha reanimado a la base de seguidores de Bolsonaro en línea. Sus partidarios alegan que es víctima de un sistema judicial injusto, y comparan su destino con el del expresidente estadounidense Donald Trump, según Marie Santini, coordinadora de NetLab.
El expresidente Bolsonaro ejerce un papel ceremonial de liderazgo en el Partido Liberal y ha viajado por Brasil criticando a Lula, que ganó los comicios de octubre pasado con el margen de diferencia más estrecho en más de tres décadas.