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La guerra de Ucrania ha llegado a un punto de inflexión

Después de muchos contratiempos para Rusia, se inicia una nueva y peligrosa fase del conflicto.

Ver a las tropas rusas en retirada precipitada en Ucrania es impresionante, pero no debería sorprender.

Esta guerra ha resultado mala para Rusia desde el principio. Vladimir Putin no logró la victoria relámpago que pretendía el 24 de febrero. En abril, los rusos se vieron obligados a una humillante retirada tras sus intentos fallidos de tomar Kiev.

Los avances limitados de Rusia en los últimos seis meses se realizaron a un costo terrible. La fuerza de invasión original reunida por el Kremlin era de unos 200.000 soldados. El mes pasado, EEUU calculó que entre 70.000 y 80.000 de esas fuerzas murieron o resultaron heridas desde el comienzo de la invasión.

Al no querer reconocer que Rusia está en guerra, Putin se ha negado a instituir el servicio militar obligatorio. En cambio, Ucrania ha movilizado a toda su población masculina adulta. Como resultado, Ucrania probablemente tiene ahora más tropas en el campo de batalla que Rusia.

Los ucranianos también tienen ventaja en moral y municiones. Están luchando para defender su propio país. El suministro de armamento avanzado por parte de EEUU y Europa, en particular, misiles precisos de largo alcance, significa que ahora están mejor equipados que los rusos.

La perspectiva de la derrota rusa es real y estimulante. Pero los avances de Ucrania también abren una nueva y peligrosa fase del conflicto.

Las imágenes de civiles llorando y abrazando a los soldados ucranianos mientras liberan ciudades y pueblos del poder ruso destacan de qué se trata esta guerra. La ocupación rusa permanente acabaría con la libertad política y se impondría con asesinatos, torturas y deportaciones.

Una victoria fácil de Rusia en Ucrania también habría abierto la puerta a una mayor agresión contra sus vecinos, incluida Moldavia y quizás hasta otras naciones que pertenecen a la OTAN: Estonia, Letonia y Lituania. Esta perspectiva fue lo suficientemente alarmante como para convencer a Finlandia y Suecia de que solicitaran su ingreso en la OTAN.

Si Rusia es derrotada, la amenaza de invasión que se cierne sobre el resto de Europa disminuirá. El ambiente político mundial también cambiará. La derrota rusa será mal recibida en Pekín y en Mar-a-Lago. En las semanas previas a la invasión, China anunció una amistad “sin límites” con Rusia. Donald Trump dijo calladamente que Vladimir Putin era un “genio”. Ese juicio ahora parece no solo inmoral, sino estúpido.

Pero hay que tener cierta precaución. Casi una quinta parte de Ucrania sigue invadida. Los rusos tratarán de reagruparse y los ucranianos podrían excederse.

La cuestión realmente compleja es qué sucede si Rusia enfrenta una derrota humillante, quizás al incluir la pérdida de Crimea que fue ocupada en 2014 en medio de mucho regocijo en Moscú.

En lugar de aceptar la derrota, Putin puede intentar una escalada. Sin embargo, sus opciones parecen limitadas y poco atractivas. La negativa a convocar una movilización general debe reflejar el nerviosismo ante la oposición que podría suscitarse en la sociedad rusa. Llamar a las tropas, entrenarlas y equiparlas llevará muchas semanas, y la guerra avanza rápidamente.

Desde el principio del conflicto, Putin ha insinuado que Rusia podría utilizar armas nucleares. La Casa Blanca siempre ha considerado seriamente esta posibilidad. A medida que la guerra se ha ido alargando y ha salido mal para Rusia; los temores de que Putin pueda recurrir a las armas nucleares han disminuido un poco, pero no han desaparecido. Como me dijo un alto responsable político occidental la semana pasada: “Tenemos que recordar que casi todos los ejercicios militares rusos que hemos observado han implicado el uso de armas nucleares”.

Sin embargo, el uso de armas nucleares en Ucrania crearía el peligro evidente de que la propia Rusia se contaminara con la lluvia radiactiva. La reacción política mundial sería muy negativa y una respuesta militar occidental, probablemente no nuclear, sería casi inevitable.

Al igual que los líderes rusos anteriores, Putin espera que el invierno venga a su rescate. El reciente anuncio de Rusia de que interrumpirá casi todos los suministros de gas a Europa tiene la clara intención de congelar a los partidarios occidentales de Ucrania para que se sometan.

Pero Putin necesita que muchas cosas salgan bien para que la táctica del gas funcione. Un invierno muy frío o un aumento de las protestas políticas en el oeste ayudarían. No se puede confiar en ninguno de los dos. Alemania ya llenó sus reservas de gas hasta el 85 por ciento del nivel necesario para sobrevivir el invierno. Los subsidios a los precios de la energía se están implementando en toda Europa.

Así que la posición del líder ruso parece temeraria. Desde el principio, algunos líderes occidentales han esperado discretamente que Putin pierda el poder como resultado de la guerra. Incluso hasta el presidente Joe Biden lo dijo.

Pero si Putin es depuesto, quizás por un golpe de estado, es más probable que su sustituto sea un nacionalista rígido que un liberal. La disidencia más sonora que se expresa en Rusia es la de los militaristas y nacionalistas, que piden una escalada de la guerra. Una teoría que circula en los círculos de inteligencia occidentales es que el asesinato de Daria Dugina, una periodista nacionalista, fue organizado por los servicios de seguridad rusos como una advertencia a los críticos de Putin en la ultra derecha.

Una Rusia derrotada no desaparecería del mapa. Y aún poseería una gran cantidad de armas nucleares, así como una sin fin de resentimientos.

Es evidente que hay muchos peligros por delante. Pero a veces hay que reconocer las buenas noticias como lo que son. En lo que ha sido un año sombrío, las victorias militares ucranianas de la semana pasada son ciertamente esas buenas noticias.

Gideon Rachman

Derechos de Autor – The Financial Times Limited 2021.

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