Si vives en Nueva York quizás crees que ya te acostumbraste a los ruidos del metro, el motor de los carros o las sirenas. Aunque lleves años allí los altos niveles de ruido del transporte pueden provocar inflamación arterial y hasta un infarto.
Las personas que viven en zonas con altos niveles de ruido del transporte han demostrado ser más propensas a hipertensión, ictus e infartos de miocardio. También tienden a tener la amígdala cerebral muy activada, inflamación arterial y, en un plazo de cinco años, accidentes cardíacos graves.
El ruido afecta todo tu cuerpo, no solo tus oídos
El ruido que entra por tus oídos se transmite al centro de detección del estrés del cerebro, una zona llamada amígdala, que luego desencadena una cascada de reacciones en el organismo.
Los sonidos recurrentes producen una sobreactivación crónica en la amígdala, lo que según un estudio publicado en la revista científica NeuroImage, provoca efectos nocivos.
El sistema endocrino y nervioso se ven afectados, y pueden reaccionar de forma exagerada. Esto puede ocasionar un exceso de cortisol, adrenalina, aceleración del ritmo cardíaco, aumento de la presión arterial, puede desencadenar la producción de células inflamatorias y otras sustancias químicas que recorren el cuerpo.
Con el tiempo, estos cambios pueden generar inflamación, hipertensión y acumulación de placa en las arterias, aumentando el riesgo de cardiopatías, infartos e ictus.
Hipertensión, infartos y más
Además de ser molesto, el ruido crónico aumenta el riesgo de hipertensión, accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio en todo el mundo, de acuerdo con un estudio publicado en el European Heart Journal, revista de la Universidad de Oxford.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido medio del tráfico rodado por encima de 53 dB o la exposición media al ruido de los aviones por encima de unos 45 dB se asocian a efectos adversos para la salud.
La OMS recomienda como media anual menos de 40 dB de ruido nocturno fuera de los dormitorios para prevenir efectos negativos para la salud, y menos de 30 dB de ruido nocturno dentro de los dormitorios para un sueño de calidad.
Una investigación publicada por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) que siguió a más de cuatro millones de personas durante más de una década reveló que, a partir de sólo 35 dB, el riesgo de morir por una enfermedad cardiovascular aumentaba un 2,9% por cada 10 dB de aumento en la exposición al ruido del tráfico rodado.
Partiendo de 35 dB el riesgo de muerte incrementó 4,3% por cada 10 dB de aumento del ruido del tráfico rodado.
¿Quiénes corren mayor riesgo?
Al menos 3 millones de personas en EEUU viven en zonas con niveles medios de ruido exterior superiores a 70 dB, expuso una investigación realizada por The New York Times en la que visitaron barrios de la zona rural de Mississippi, la ciudad de Nueva York y los suburbios de California y Nueva Jersey para medir la exposición al ruido de los residentes.
Mientras que un tercio de la población estadounidense vive en zonas expuestas a niveles de ruido de al menos 45 dB, según un análisis preliminar basado en modelos de ruido de carreteras, ferrocarriles y aviones en 2020 del Departamento de Transporte.
Estar acostumbrado no mejora las consecuencias, la exposición previa al ruido prepara al organismo para reaccionar de forma exagerada, amplificando los efectos negativos.
Las personas que viven en comunidades rurales y suburbanas relativamente tranquilas también pueden correr peligro. De hecho, puede ser peor para el organismo ya que hay poco ruido ambiental que amortigüe la sacudida.
Datos del censo muestran que las comunidades urbanas donde la mitad de los residentes se encuentran por debajo del umbral de pobreza registran una media de 47 dB, frente a 44 dB en aquellas donde no hay residentes con bajos ingresos.
Según un estudio de más de 94 mil centros escolares los alumnos de los que se estimaba que estaban más expuestos al ruido de la carretera o la aviación tenían muchas más probabilidades de ser hispanos, afroamericanos o asiáticos, de acuerdo con la investigación publicada en Environmental Research, revista de ciencias ambientales y salud medioambiental publicada por Elsevier.
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