La quiebra de SVB impulsó a los mercados a buscar del eslabón más débil del sector bancario.
Opinión de La Junta Editorial del Financial Times.
Una semana, dos crisis bancarias muy diferentes a ambos lados del Atlántico. Los problemas de Credit Suisse, el gigante con un historial de 167 años que ha ido de escándalo en escándalo recientemente, parecen polos opuestos a los de Silicon Valley Bank (SVB por sus siglas en inglés), un prestamista estadounidense considerado hasta hace muy poco el niño mimado del mundo tecnológico. SVB comenzó el mes con una capitalización bursátil de $17 mil millones, pero desde entonces se ha hundido y sus depositantes fueron rescatados. Mientras tanto, Credit Suisse sigue cojeando, beneficiándose de un respaldo de emergencia de $54 mil millones del Banco Nacional Suizo (SNB) después de que sus acciones se desplomaran esta semana hasta un mínimo histórico. Pero el destino de ambos bancos subraya la agitación de los mercados financieros, donde las crisis son de confianza, y añade una nueva dimensión a las deliberaciones de los responsables políticos mientras siguen aumentando las tasas de interés.
A pesar de que SVB era líder del mercado en la concesión de préstamos a lo que se suponía que era la base de clientes más innovadora del mundo, su fracaso puede atribuirse en gran medida al error fundamental de no gestionar adecuadamente su riesgo de tasas de interés. Credit Suisse no está en la misma situación, entre otras cosas porque, como banco mundial de importancia sistémica, está sujeto a estrictas normas de liquidez y capital, y a las pruebas de resistencia de los reguladores. SVB no lo estaba. La decisión de Estados Unidos de eximir al SVB y a los de su clase de las normas forjadas a raíz de la última gran crisis bancaria fue un error.
Y sin embargo, todo el peso de las normas bancarias prudentes del Comité de Basilea no ha impedido que Credit Suisse cometa deslices, una y otra vez. Los delitos menores y las intrigas lo han convertido en el chivo expiatorio de la banca europea, una dudosa distinción que recientemente ostentó el Deutsche Bank. Credit Suisse se ha visto envuelto en repetidos escándalos, desde Archegos a Greensill Capital, pasando por los “bonos del atún” de Mozambique, por citar sólo tres. En conjunto, estos hechos demuestran fallos sistemáticos en la gestión de riesgos, que en última instancia también afectan a los resultados del banco.
La declaración de esta semana de Credit Suisse sobre la inestabilidad de sus informes financieros podría haber sido, en cualquier otro momento, un episodio desafortunado más. En un momento en que los mercados buscaban el eslabón más débil de la banca, como ocurrió tras la quiebra de SVB, resultó potencialmente existencial. La situación empeoró cuando el accionista de referencia de Credit Suisse, el Saudi National Bank, desistió de seguir invirtiendo. Pero la razón por la que Credit Suisse tiene que recurrir a accionistas tan impredecibles es que su base de inversionistas más tradicional perdió la paciencia ante su imparable flujo de malas noticias. También lo hicieron los depositantes, sobre todo en su negocio de gestión de patrimonios: en los tres últimos meses de 2022 se produjeron egresos por valor de 111 mil millones de francos suizos. En este contexto, el banco está planeando una compleja reestructuración que escindirá su atribulado banco de inversión, recortará empleos y reforzará su unidad de gestión de patrimonios.
El respaldo del SNB ha ayudado, no sólo a la posición de liquidez de Credit Suisse, sino sobre todo como señal para los mercados. Las acciones del banco subieron más de un 20 por ciento (aunque siguen a un valor inferior al que tenían al principio de semana). Podría decirse que el SNB podría haber actuado un día antes. Pero precisamente porque los problemas de Credit Suisse se derivan de su franquicia y no de su balance general, no está claro si el apoyo será algo más que un parche a largo plazo. UBS, el rival de Credit Suisse que sufrió su propia crisis de falta de ética hace una década, incluso se postula como posible caballero blanco. Esto se debe a que los inversionistas aún no están convencidos de la estrategia global de Credit Suisse, y ni siquiera han visto los detalles de una reestructuración que hasta ahora ha sido demasiado turbia, costosa e indecisa. Un enfoque así no ayuda a ganar confianza. Y eso, en los mercados actuales, es lo que más importa. Opinión de la Junta Editorial del Financial Times.
La Junta Editorial
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