Las preguntas que deberíamos haber abordado, sobre regulación, transparencia y requisitos de capital, siguen sin recibir respuesta.
Al ver cómo interrogaban a los directores de varios de los principales bancos estadounidenses (JPMorgan Chase, Bank of America y Citigroup) ante el Congreso la semana pasada, no pude evitar acordarme de esa conocida imagen que muestra a los jefes de instituciones financieras de importancia sistémica abatidos en el Congreso tras la crisis de 2008.
Esta vez, los políticos querían saber no lo que Wall Street había hecho mal, sino cuál era su plan para hacer las cosas bien en caso de que hubiera otra crisis, ya sea geopolítica (sí, los jefes de los bancos se retirarían de China si Taiwán fuera invadido) o financiera.
Todo ello pone de manifiesto que, 15 años después de la gran crisis financiera, sigue habiendo mucho riesgo en el sistema de mercado, solo que procede de lugares diferentes. Consideremos, por ejemplo, la actual preocupación por la liquidez del mercado del Tesoro. Como demostró el denominado flash crash de octubre de 2014, las presiones del mercado de reportos de septiembre de 2019 y las dislocaciones relacionadas con el Covid de marzo de 2020, el mercado “seguro” por excelencia resultó ser bastante frágil en momentos de estrés.
Esto es en sí mismo parte del legado de 2008. La enorme cantidad de flexibilización cuantitativa requerida para disimular la crisis financiera significó que el crecimiento del mercado del Tesoro superara la capacidad o el deseo de los compradores de mantener los certificados del Tesoro. La desglobalización y la desvinculación entre Estados Unidos y China hacen que los sospechosos habituales, los países asiáticos, busquen vender y no comprar bonos del Tesoro, en un momento en el cual la Reserva Federal está tratando activamente de deshacerse de los certificados del Tesoro como parte del endurecimiento cuantitativo.
Mientras tanto, los grandes bancos que tradicionalmente han desempeñado el papel de corredores en el mercado del Tesoro indican que se han visto limitados por los requisitos de capital posteriores a 2008 para realizar esa labor de intermediación tan bien como lo habían hecho anteriormente. Los bancos esperaban que las excepciones que se aplicaron a ciertas reservas de capital durante la pandemia se hicieran permanentes.
Como explica un reciente informe de la Brookings Institution sobre el tema: “si no hay cambios, el tamaño del mercado del Tesoro superará la capacidad de los corredores para intermediar con seguridad en el mercado utilizando sus propios balances, lo cual provocará brotes más frecuentes de iliquidez en el mercado que suscitarán dudas sobre la condición de refugio fiscal de los bonos del Tesoro estadounidense”.
Grupos de defensa del consumidor, como Americans for Financial Reform, están exigiendo que haya más transparencia en los datos previos a la operación, así como una compensación central para los bonos del Tesoro, algo que ayudaría a que el mercado del Tesoro estadounidense, de 24tn (millones de millones) de dólares, el mayor y más profundo del mundo, estuviera menos fragmentado y mejor regulado. No es de extrañar que los bancos se opongan no solo a una mayor regulación, sino también a los requisitos de capital que les han hecho más difícil, según ellos, mantener más bonos del Tesoro.
Esto nos lleva a una de las preguntas principales, y aún sin respuesta, de la gran crisis financiera: ¿por qué los bancos son tan especiales? Es cierto que los principales bancos estadounidenses son mucho más seguros y están mejor capitalizados que antes de 2008. Pero, ¿por qué les molestan requisitos de capital que ascienden a un solo dígito cuando las empresas de cualquier otro sector tienen que cumplir con reservas mucho mayores?
En parte es simplemente un deseo de asumir más riesgos y ganar más dinero. Pero dentro de eso existe una queja más matizada y legítima, que es que los bancos tienen que competir cada vez más con actores del mercado menos regulados, como las empresas de comercio principal (también conocidas como fondos de alta frecuencia) que ahora participan en el mercado de los certificados del Tesoro, así como las empresas de tecnología financiera y los titanes del capital privado que se han convertido en actores importantes en áreas como los préstamos y la vivienda.
Esto señala otro problema en el sistema. La “innovación” financiera sigue estando muy por delante de la regulación, igual que antes de 2008. Es bien sabido que el capital privado se benefició enormemente al poder comprar casas unifamiliares, viviendas multifamiliares e incluso estacionamientos para casas rodantes, a diferencia de los grandes bancos a raíz de la crisis.
Desde entonces, el capital privado se ha introducido en la atención médica (quieren optimizar las residencias de ancianos, nefastamente), e incluso se está centrando en algunas de las joyas industriales de EEUU: las empresas manufactureras de propiedad familiar. Me estremece pensar en el aspecto que tendrán estas rentables empresas y de base comunitaria una vez que los grandes fondos terminen de despojarlas de sus activos y de llenarlas de deudas.
La SEC ha propuesto normas más estrictas para los fondos privados, así como una mayor transparencia y mejore reglas para las comisiones, algo que, por supuesto, es necesario. Mientras tanto, el Departamento del Tesoro evalúa los comentarios del público sobre cómo asegurarse de que no haya una caída repentina de los certificados del Tesoro. Incluso se impulsa el endurecimiento de la regulación de los bancos regionales que están desempeñando un papel más importante en el sistema financiero. Todo esto tiene mérito.
Pero también da pie a la principal pregunta que no hemos respondido desde 2008: ¿a quién debe servir el sistema financiero? ¿Wall Street o a Main Street – Los bancos o las PYMES)? Yo diría que al segundo, pero no hay una solución para arreglar un sistema que se ha alejado tanto de la mediación productiva del ahorro en la inversión. Como ha quedado demostrado por varios factores, desde un mercado de certificados del Tesoro cada vez más volátil hasta un mercado de préstamos hipotecarios ahora dominado por los intermediarios financieros no regulados, pasando por la influencia del sector financiero sobre el mercado de las materias primas, seguimos teniendo un sistema de mercado que con bastante frecuencia existe más para beneficiarse a sí mismo que a la economía real.
Tal vez necesitemos otra crisis antes de que ese problema se solucione definitivamente.
Rana Foroohar
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