La supervisión debe equilibrar los riesgos con la importancia de las instituciones no bancarias.
Opinión de la Junta Editorial del Financial Times
En el mundo agitado de los mercados financieros, la pérdida de un jugador a menudo es la ganancia de otro. Esto es cierto para los llamados fondos del mercado monetario (MMF por sus siglas en inglés) de EEUU. El mes pasado, los depositantes preocupados por la seguridad de sus fondos en el sistema bancario, especialmente en prestamistas regionales inestables, trasladaron su efectivo a MMF a un alto ritmo, con entradas de aproximadamente $370 mil millones. Con los problemas de First Republic, el prestamista regional con sede en San Francisco, esa tendencia parece continuar, aunque a un ritmo más lento.
Los MMF forman parte fundamental del denominado “sistema bancario de las sombras”: intermediarios financieros que no pueden aceptar depósitos. A medida que la Reserva Federal de EEUU ha aumentado las tasas de interés, los fondos han ofrecido a los inversionistas tasas muy por encima de las que pagan los bancos. Al invertir en valores de deuda a corto plazo, también permiten a los inversionistas manejar sus necesidades de efectivo mientras proporcionan financiamiento diario a la economía. Sin embargo, su escala e importancia en la plomería del sistema financiero es tal que son una fuente clave de riesgo.
Durante la crisis financiera de 2008, uno de estos MMF, el Reserve Primary Fund, infamemente “rompió la barrera del dólar” -cuando el valor neto de sus activos cayó por debajo de $1- después de la quiebra de Lehman Brothers. Los inversionistas descubrieron que los productos similares a los bancarios prometidos por los fondos no significaban protección bancaria; no están cubiertos por el seguro de depósito. Se implementaron regulaciones más estrictas sobre en qué podían invertir los MMF y qué amortiguadores necesitaban. Los fondos nuevamente se vieron bajo presión en marzo de 2020 cuando los inversionistas, en pánico por el Covid, decidieron canjear sus tenencias por efectivo. Con los activos totales de los MMF de EEUU alcanzando un récord de $5.2tn (millones de millones) el mes pasado, hay temores de que aún acechen vulnerabilidades no abordadas. El mes pasado, la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen, destacó los riesgos de “corridas bancarias y ventas de emergencia” si los inversionistas se apresuran a liquidar sus acciones en masa.
Otro riesgo es que los fondos estén compitiendo con los prestamistas regionales y debilitando aún más su rentabilidad. Un tercer riesgo es que los MMF han estado estacionando cada vez más su efectivo en la facilidad de pactos de recompra de la Reserva Federal, donde pueden obtener retornos más altos y seguros. Esto drena aún más la liquidez del sistema bancario, aumentando las preocupaciones sobre la disponibilidad de crédito.
Por ahora, los riesgos son manejables. La gran mayoría de las entradas recientes han sido en fondos del Tesoro, que son relativamente seguros ya que invierten en valores respaldados por el gobierno, aunque un enfrentamiento político prolongado sobre el techo de la deuda de EEUU aún podría avivar un problema de liquidez. Mientras tanto, el potencial de una crisis de liquidez inmediata causada por el efectivo que se mueve hacia la facilidad de pactos de recompra parece pequeño, con saldos de reserva aún altos y liquidez disponible a través de otros productos de la Fed. Los MMF también proporcionan, en términos generales, una presión competitiva bienvenida para los bancos junto con opciones más amplias para los inversionistas.
Sin embargo, este es el momento adecuado para una reforma moderada que aumente la resiliencia del sector. Los MMF deberían verse obligados a divulgar más datos a los reguladores para ayudar en su monitoreo de la liquidez y las vulnerabilidades de rescate, y aumentar la conciencia de los inversionistas sobre los riesgos. Los requisitos de liquidez más altos también tienen sentido, aunque deben ser lo suficientemente moderados como para no exprimir demasiado los fondos. También se deben vigilar de cerca los flujos hacia la facilidad de pactos de recompra.
Las autoridades que evalúan nuevas reglas para el sector, deben tener en cuenta que sobrecargar a los MMF con restricciones onerosas corre el riesgo de dañar el sistema financiero a largo plazo. De hecho, las recientes transferencias desde los bancos hacia estos fondos destacan el papel de este sistema de intermediarios financieros no bancarios como una importante válvula de seguridad en tiempos de crisis.
La supervisión de los MMF es un acto de equilibrio: si se hace muy poco, surgen riesgos para la estabilidad financiera, pero si se hace demasiado, se obstaculiza una fuente esencial de liquidez. Los reguladores necesitan acertar justo en el punto medio.
La Junta Editorial
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